Las raíces alemanas de Trump

Kallstadt pueblo de Donald Trump

Esta e una historia curiosa sobre los orígenes del presidente electo de los Estados Unidos de América, todo comenzó en un pequeño pueblo de Alemania llamado Kallstadt…

Drum, Tromb, Tromp, Trum, Trumpff, Dromb… el nombre de familia Trump ha tenido varias mutaciones en los últimos quinientos años, de acuerdo con el registro de la iglesia local.

Sin embargo, hoy en día hay pocas huellas de un clan que una vez tuvo un bastión en la aldea de Kallstadt en el suroeste de Alemania. No hay una placa afuera de la casa donde Friedrich Trump, el abuelo del presidente electo de Estados Unidos Donald, nació en 1869.

El único indicio está en las pocas lápidas, cubiertas de arbustos que llevan el nombre en el cementerio local, y una reja donde una vez “Trump” se recargó sobre un racimo de uvas de plata en una bodega que se declaró en quiebra hace varios años.

Frederich Trump

Frederich Trump, abuelo de Donald Trump

“No veo de qué se trata todo esto”, dijo Hans-Joachim Bender, un vinicultor retirado, sentado en la mesa de su comedor, mirando hacia los viñedos que cultivaba. “Si estás aquí para hablar de Donald Trump, no tengo una opinión sobre él de una manera u otra, excepto que a veces es más sabio mantener la boca cerrada”. Como todo el mundo aquí, Bender pronuncia el nombre con el acento local algo así como “Droomp”.

Por mucho tiempo que uno mira a Bender, de 73 años, es difícil ver cualquier semejanza con el magnate de los bienes raíces de Nueva York. Tampoco los cabellos rubios esponjados se parecen, y a diferencia de Trump, Bender disfruta poco a poco una copa de su propio vino casero Riesling. Y sin embargo, como varias personas en este pueblo de 1,200 habitantes, se relaciona con el presidente electo.

“Mi bisabuela era la madre de Friedrich”, dice. “Pero no sé qué es lo que me relaciona con Donald”. Su abuela fue uno de los últimos Trumps. Y, casualmente, observa, su abuelo era un Heinz, como el de la salsa catsup.

“Tanto los Trump como los Heinz proceden de este poblado”, explica Simone Wendel, una cineasta de Kallstadter, que saca un árbol genealógico para explicar su propia conexión con Trump. -La prima de mi madre estaba casada con el nieto del tío abuelo de Donald Trump. O algo así.”

Kallstadt pueblo de Donald Trump

Kalstadt es un pueblo vinícola en Alemania

Bernd Weisenborn, un vinicultor de 54 años dice que es un primo segundo de Donald, explicó la historia en su taberna rodeada de botellas de algunos de los 180,000 litros de Rieslings y Merlots que produce cada año.
“En 1885, cuando tenía 16 años, Friedrich, el abuelo de Donald, dejó una nota para su madre en la mesa de la cocina diciendo que se había ido a América.” Así lo dice la leyenda local, él no había querido trabajar en el viñedo familiar, trabajando como barbero, un trabajo para el cual se había entrenado.

“Su motivación para hacerlo es que era el sexto hijo de una familia pobre, tenían muy poco para mantenerlo en Kallstadt”, dijo Weisenborn.

Fritz Geisel, segundo primo de Donald Trump, retoma la historia en el documental de Wendel, “Kings of Kallstadt”, de 2014.

“Él fue a las minas de oro del Yukón en Alaska. Siendo un hombre de constitución débil no quería romperse las uñas… así que abrió un restaurante y proporcionó grandes cantidades de comida y bebida para los mineros de oro, aceptando el pago en pepitas de oro “.

Algunos también dicen que las prostitutas estaban entre los servicios que él proporcionaba. Pero los Kallstadters prefieren no ahondar en ese tema, prefiriendo centrarse en las pepitas que Friedrich mandaba a sus hermanas a Nueva York. Las hermanas ya habían emigrado a los Estados Unidos y usaban las pepitas para comprar bienes raíces.

De Trump se discute mucho en la aldea antes y después de las elecciones, aunque es principalmente un tema traído por los visitantes, en lugar de los propios aldeanos.

Los registros locales documentan cómo Friedrich regresó al pueblo varios años después de su partida inicial, entonces rico y renombrado Frederick, y se casó con Elizabeth Christ, una chica vecina, con quien regresó a los Estados Unidos.

“Estaba desesperada por instalarse en Kallstadt, pero aunque era un hombre rico, las autoridades que gobernaban en ese momento no le permitían quedarse, debido a que se había salido del servicio militar y por eso fue deportado”, explica Wendel.

Kallstadt pueblo de Donald Trump

Un anuncio del platillo local de Kallstadt

“Así que si quieres, puedes culpar a los alemanes tratando de responsabilizar a alguien de que Donald Trump se haya convertido en el presidente de Estados Unidos”, dice Uli Meyer, otro vinicultor, deteniéndose para charlar mientras pasea por el pueblo.

La pareja emigró a los Estados Unidos con su hija y el padre de Donald Trump, Fred, quien nación en el camino. Pero a la edad de 49 años, Friedrich murió durante la epidemia de gripe de 1918, dejando a Elizabeth, aun nostálgica de Kallstadt, teniendo que salir adelante por sus hijos adolescentes. Estableció el negocio de bienes raíces, E Trump and Sons, la base sobre la cual la familia comenzó a construir y comprar bienes raíces en Nueva York.
“Así que si hay un héroe en todo esto”, señala Wendel, “debería ser realmente Elizabeth”. A Elizabeth todavía se le recuerda con afecto, sobre todo por aquellos que recuerdan cómo regresó a Kallstadt dos veces, incluso para celebrar su cumpleaños 80 en 1950.

Wendel ha pasado años buscando lo que ella llama el “gen Kallstadt”, algo que explicaría la cantidad desproporcionada de historias de éxito del pueblo en relación con su tamaño. “Me he estado preguntando por décadas, “puede ser una coincidencia que dos gigantes de este tipo tengan sus raíces en mi pequeño pueblo'”, dice ella.

“Somos muy apegados a la tierra”, dice Thomas Weick, un restaurador, mientras come la especialidad del pueblo estómago de cerdo. “Cocinamos con agua, ya sabes. Y cada ama de casa aquí es capaz de hacer cátsup, aunque aquí lo llamamos simplemente salsa de tomate”. Se dice que es un poco más ligera que la Heinz, pero también hay en una amplia gama.

La mayoría de los habitantes de la aldea preferirían no se populares por Trump, aunque reconocen la ironía en el éxito de un hombre que ha basado su discurso en criticar a los inmigrantes basado en el éxito de su abuelo, un migrante.

“Como dice una conocida frase de Kallstadt:” Antes de poner la boca en marcha, asegúrate de encender tu cerebro “, dice Weisenborn, el primo segundo. Sobre su pariente dice, digamos que si viene a visitarme, me limitaré a hablar de nuestros antepasados.

Kallstadt pueblo de Donald Trump

Una lápida de los ancestros de Donald Trump

Hubo un tiempo en que Trump se avergonzó de admitir su herencia alemana, en la medida en que lo negó. En repetidas ocasiones se asumió como sueco incluso mencionando que la ciudad sueca de Karlstad iba comenzar a planear un museo en su honor.

Fue hasta la década de 1980 cuando Trump cedió. En “los Reyes de Kallstadt” hizo tal vez su más franca admisión sobre el tema. “Tengo gran herencia alemana. Estoy muy orgulloso de ello. Es un gran lugar”, dijo. “Ellos crecen bien en Kallstadt… muy bien. Créeme, es un buen lugar.

La reticencia de la familia a reconocer su herencia alemana tenía mucho que ver con la hostilidad con la que se les había infligido a los alemanes durante la primera guerra mundial, mientras que después de la segunda guerra mundial los escrúpulos de los Trump continuaban ya que muchos de sus clientes eran sobrevivientes judíos del Holocausto.
Los Kallstadters se cuestionan que Donald fue cauteloso acerca de revelar sus orígenes, es algo más que un poco de reserva hacia él. “Fue la familia Heinz quien donó el dinero para el fondo de restauración de los órganos”, dice Peter Grieger, el cuidador principal del pueblo, recordando cómo hace 15 años donaron a la aldea una cifra de 40,000 euros. Los Heinz también se han hecho muy populares pues frecuentan la aldea para fiestas ocasionales, aunque tienen el cuidado de permanecer incógnitos.

La casa en la que nació Friedrich Trump está todavía en pie: una estructura de piedra sólida, modesta, sin adornos, con un letrero en la puerta azul del patio trasero que revela el humor seco de los Kallstadters: “Dios ve todo, mi vecino aún más”. Wendel mostró a Trump una fotografía de ella cuando lo entrevistó. “Parecía impresionado por lo bien mantenida que estaba”, dijo.

El hombre que ha dicho que devolvería a todos los refugiados a Siria, y que se ha opuesto vehementemente a la política de Merkel de puertas abiertas, también se daría cuenta sin duda de Kallstadt, es su escasez de refugiados. No hay ninguno.
“No es ciertamente que no estemos abiertos a ellos”, dijo el alcalde, Thomas Jaworek. “Como dije ” no hay rechazo de entrada, ya sea para los refugiados o para Donald Trump”.
“Dios nos ayude ahora que Trump ha ganado”, dijo el alcalde. -ahora todo el mundo querrá venir a Kallstadt.

De la versión en ingles de: Kate Connolly
The Guardian

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